–PRÓLOGO–
Ahora os mostraré la historia de un verdadero marionetista.
Todo marionetista real conoce a sus marionetas a la perfección.
La vida detallada de cada una de ellas, sus rasgos faciales y colores, su
carácter… Incluso cómo cuidadosamente en su “nacimiento” sus cuerdas fueron unidas a sus extremidades correspondientes.
Este marionetista sabía qué acción exacta hacer con sus
queridas figuras para mantenerlas felices. Figuras de madera talladas con el mayor
amor y paciencia jamás vistos.
Hay que decir, que un marionetista cualquiera es lamentablemente el más conocido. Crea al azar a sus
marionetas desatendiendo sus historias, ordenándolas actuar de una manera en la
que jamás ellas lo harían... Un marionetista cualquiera sería un marionetista
que no se molestaría en comprender a sus marionetas y además se centraría en el ciego anhelo de conseguir el control sobre ellas, posiblemente causado por no lograr nada más allá de la vida de madera.
En cambio, nuestro “marionetista de verdad” las trataba como
a sus propias hijas. Quizá era por esto que les dedicó su preciado tiempo de
libertad, pues hijos no gozó de tener jamás.
Sin embargo, él no se consideraba ningún titiritero; en
aquella ciudad no sobreviviría apenas dos días mostrando sus historias… Él era carpintero.
El carpintero de la ciudad de Beleth.
(N.A.: Cuando os pregunté sobre si leeríais un relato más largo de lo que usuo, me refería a este. Será probablemente extenso y de publicación lenta y por capítulos, ya que quiero hacerlo bien. Que conste que esto no quiere decir que vaya a dejar de publicar las entradas de siempre.
Por el momento aquí está el breve prólogo de "El miedo del Marionetista". Espero que os guste.
Sugerencias y preguntas ya sabéis, comentad sin problemas. De esta historia concretamente me gustaría saber vuestra opinión. ¡Un saludo!)