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lunes, octubre 31

Él es como nosotros.

De alguna manera es como nosotros.

Corazón que tiembla, que llora aunque no derrame lágrimas. Lloras porque has perdido algo.

De alguna manera es como nosotros.

Se queja, se siente, te alerta y quiere hablarte. Pero tratas de ignorarlo, por no perder algo que quieres, pero que hace tiempo que se perdió...

De alguna manera es como nosotros.

Te grita. Se ahoga se acelera y de algún modo se derrumba.

De alguna manera es como nosotros.

¿Qué quieres decirme, corazón mío?

Me atrevo a oír.

Aunque yo insisto en saber lo que quiere y aunque yo insisto y él me lo repite… Yo no lo comprendo.

Quizá no quiero.

Solo noto como late, tiene miedo y se estremece.


Intenta hablarme de nuevo, yo lo oigo, pero no lo escucho. Lo siento, siento que duele, le duele, pero no sé qué hacer para remediarlo.

¿Qué quieres, mi corazón?

Y él llora, él siente, él nota que yo realmente no quiero escucharlo y… Se detiene.

Entonces, ya es tarde. Se rompe y no se mueve.

miércoles, agosto 17

Fuego.

- Estaba sentada frente a la chimenea aquel invierno, las flameantes llamas me habían abducido completamente, la realidad de nuevo era un sueño. Era como contemplar el mismísimo sol sin dañar mis ojos grises.

- ¿Y que pasó?

- Cuando me di cuenta, después de pestañear, no quedaban llamas, solo cenizas. Hacía rato que el fuego se había apagado, pero yo aun con esas había sido capaz de seguir viéndolo.

- Qué raro.

- No… Lo raro fue lo siguiente. Quedé tan trastornada, que me acerqué a las cenizas y di un pequeño soplo al único leño que parecía tener algo que quemar. Bueno… Pues saltaron las chispas y una enorme hoguera resurgió: ¡el Fuego empezó a hablarme!

- ¡¿Cómo te va a hablar un elemento?! ¡Es de locos! Ni que tu vida fuese una peli, Rose.


- Cálmate Emily, y déjame hablar.


-  Perdón...

- Verás, aquella llama a medida que se mecía parecía estar contándome algo, no sabría decirte en qué lengua, porque nunca la había oído, pero la entendía; El Fuego me susurraba.
Me contaba, que siempre de las cenizas se podía sacar algo, que la esperanza queda en la madera candente y que a veces se puede reavivar la llama si realmente crees en ella. Como... Un bonito fénix.

- Vaya, lo último que esperaba que el Fuego contase, aunque tampoco sabría decir de qué iba a hablar si no.

- Creo que los elementos tienen mucho que contar, solo que no sabemos escucharlos. Eso sí, casi me quemé las cejas con el entusiasmo, pero al separarme de un salto me choqué con la repisa y cuando me acaricié el golpe volví a mirar hacia el leño. El Fuego se había consumido en el trozo de madera que quedaba, pero las cenizas que quedaron tenían un color de un blanco increíble.

- ¿Por qué blanco?

- Habrá que preguntárselo al Fuego… 

domingo, abril 3

Oídos sordos.


-Mírate… Siempre has querido esto: Un chico que te quiere, amigos y sobresaliente en los estudios. ¿Entonces, por qué te sientes tan vacía?
-Creo que es porque no es lo que verdaderamente quiero…
-¿Entonces?
-Quiero ser como tú, Emily.
-¿Cómo yo? Qué dices? Mi vida es una mierda… Que ya me gustaría a mí tener tus notazas.
-Ya, pero Emily… Aunque tú no saques buenas notas, ni tengas novio, eres tú misma siempre y creo que eso es lo que realmente te llena. Envidio tu naturalidad…
-Bueno, vale, tienes razón. Me gusta mi mierda de vida ¿contenta?
-Mucho, al menos tú eres feliz.
-Por Dios, qué negativa estás… Tú también puedes serlo, Rose.
-¿Cómo? No lo creo…
-Es tan simple como ser tú misma.
-Ser yo misma no es simple.
-Sí lo es, otra cosa será que te resulte fácil, pero… ¿Sabes cual es tu problema?
-¿Cuál? Por favor, dímelo…
-Le das demasiada importancia a lo que pueda decir la gente de ti. ¡Eso es muy estúpido!
-No lo es… Sencillamente… No me gusta hacerlo. Luego estás en boca del resto al mínimo fallo y te miran mal.
-Eres tan tonta Rose… ¡Si quieres ser realmente feliz, sé tu misma y a los demás que les den por el culo!
-¡Emily! ¡No grites! ¡Te van a oir!
-¡Jajaja! Que me oigan, chica, que me oigan… ¡Nací para ser escuchada! ¡Me apetece gritar! No hago ningún mal a nadie. Ni siquiera a ti, es más, quizá te hago hasta un favor.
-No me estás haciendo un favor, me estás abochornando.
-¡A la mierda con la vergüenza, Rose, a la mierda! ¡Es un mero obstáculo hacia nuestros objetivos! ¡Cómete la vergüenza! ¡No! mejor aun… ¡Comámonos el mundo de un mordisco! Riamos y cantemos a voz en grito. Que todo el planeta escuche nuestras réplicas y propuestas.
¡Yo! ¡Emily! ¡Te declaro la guerra, Mundo! 

viernes, julio 30

El viento de los Recuerdos.


La chica, tumbada en el cesped, bajo ese cielo azul, algo apagado por el atardecer que se aproximaba, tarareaba débilmente una tranquila melodía, mientras observaba los pájaros volar por las alturas, planeando ante el fuerte viento que agitaba los árboles.
Una voz, grave y calmada, se aproximó a la joven, interrumpiendo con su rostro las vistas de los cielos, pero no de forma desagradable, ya que le mostraba una amplia sonrisa.
Aquella figura le preguntó qué es lo que hacía ahí tendida, cuando ella, alegre le contó:
Simplemente me dedicaba a observar cuán libres son esas aves, que ágilmente aprovechan la ligera brisa para alzar su vuelo.

 ¿Te imaginas...? Poder alcanzar el cielo, poder tocar su dulce azul.
Yo sueño con ello constantemente. Con volar hacia el sol sin quemarme. Adentrarme en las frías nubes que aparentemente son de algodón. ¿Sueñas tú con ello?
Volar... Hacia la libertad.